Insomnio de ojo erizo
Patrullero del parque desolado de mi cuerpo
De mis extremidades infinitas
Arcos tensos de la flecha noche
Que disparan las estrellas a tu cama.
Insomnio de ojo erizo
Patrullero del parque desolado de mi cuerpo
De mis extremidades infinitas
Arcos tensos de la flecha noche
Que disparan las estrellas a tu cama.
No es sangre
Es un tropel de cebras musicales
Blancas y negras desbocadas
Taos descuajeringados Caos
Es un viento
que nos despeina arremolina
Soy la contorsionista china
Mi forma es la forma del amor
caja deforme
Qué importa el pentagrama
Qué después
Son lindas las canciones
Cómo explicarte la distancia.
Cómo explicarte que nunca llego.
Cómo explicarte los vaivenes de la marea.
Cómo explicarte lo aburrido de esta Tierra.
Cómo explicártelo sin mirarte, Satellite of Love.
Yo no estoy en mi lengua
Lagartija rastrera
Bicho de sangre fría
Que buscando el calor
Va
Zigzagueante.
Ella viene de la playa. Yo de mi estanque.
Tarde gris. Tarde triste.
Con música de fado y todas las demás ausencias.
La suya, la mía.
http://www.youtube.com/watch?v=8kSvZJx7v7Q
Ella segrega ristras de palabras como una
sustancia viscosa en el teléfono.
No entiende. No entiendo.
Nada que entender.
Sin embargo me explica.
Su imagen se deforma,
como en un sueño triste. Triste...
Me escondo en mí y la observo operar.
Como si el secreto
pudiera dejar de ser secreto.
Nena de baquelita tenía un ukelele.
Tocaba todas las noches.
El culo al calor de la chimenea.
Su vecino, el señor de carey,
aporreaba el piano todas las tardes también.
Todas las tardes el mismo repertorio.
Que a nena de baquelita le daba ganas de llorar
(y de partirle el piano con un hacha).
Ese día, eran las 9.00 (hora de la cena),
y nena de baquelita estaba muy triste.
El vecino no había tocado ni una nota,
pero sin embargo, algo como un mar de estrellas
quietas y fugaces a la vez, se hamacaba lento,
muy lento en su corazón.
Eso. Y nada más. Hora de la cena.
Miró a su gato de trapo que la miró y
pronunció claramente "ragú".
(Hablaba, sí. Y en varios idiomas. Algunos
que ni nena de baquelita conocía.
Decía cosas como "Raúl", "now", "creole".
También "rack". Habría sido
de algún músico con muchas perillas antes.)
Pero esta vez dijo "ragú".
Así que nena de baquelita, con su mar
de estrellas adentro, se levantó del puf rosa
en que estaba sentada desde hacía dos horas
y le sirvió un plato de ravioles.
(Sí. Hablaba y le gustaban los ravioles a este gato.
Bueno, en realidad sólo el relleno.
Los abría con una uña,
como si estuviera operándolos con un bisturí,
se comía la ricota, y dejaba el resto. Abierto
como un paciente descosido.)
Nena de baquelita lo miró comer.
Comía tranquilo. Y la noche estaba linda...
Todo parecía estar bien.
Y sin embargo...
Suspiró.
Las estrellas se movieron otro poco. Apenas...
El teléfono humano sonó.
Y ahí,
cuando todas las estrellas
se le fueron de golpe a la garganta,
se acordó de qué le faltaba. La voz de chico de lana
la envolvió como una bufanda.
-Hola. –escuchó -.
Ayer no fui porque tuve que armar
una montaña de pelusa.
Y anteayer me dolía el punto arroz.
Nena de baquelita inclinó la cabeza
acariciando el teléfono humano con el cachete.
Y pensó en la bufanda. Tibia.
Que parecía ir desenvolviéndola
de a poco. Sintió frío y los ojos se le torcieron y
le quedaron como un techo a dos aguas:
-Bueno. –le dijo. No se le ocurría nada más.
-Bueno. –le contestó chico de lana.
–Te llamo mañana. Chau.
-...Cha... (¡CLAc!)
El gato de trapo lamió el lagrimón negro
que cayó y rebotó en el parqué
(tenía sed y nena de baquelita se había olvidado
de cambiarle el agua),
y después se puso a morder con furia el cable
del teléfono humano.
Y el teléfono humano, como si nada;
como la mayoría de lo humano,
quieto y sin emitir señal
por la que uno pueda darse cuenta
de si está vivo o muerto.
Nena de baquelita levantó a su gato de trapo
y lo abrazó fuerte.
Lo usó para secarse la cara, y él ronroneó y dijo:
-Marrr... –. Sería de trapo pero la tenía clara.
Le dio un beso,
lo apoyó en la mesada
y le abrió la canilla para que tomara agua.
(Es que al gato de trapo le gusta más
el agua que corre.
Todo lo que se mueve lo pone contento.
Igual que a nena de baquelita.
Que volvió a suspirar,
apuntó otra vez el culo a la chimenea
y sacó el mar de estrellas
a pasear por el ukelele).-