Para conocer el momento exacto en que comenzó esta epopeya habría que remontarse mucho, pero muchísimo tiempo atrás.
Cuentan que hace años, siglos quizás (...vamos a confesarlo: en realidad nadie sabe cuándo), el afamado Sabio Yotex Plico, reunió a todos los jóvenes herederos de la comarca y les dijo:
-Mis muy amados Principitos: ...¡¡¡ESTE PUEBLO ES UN SOBERANO DESCONTROL!!! Vuestro padre, el Rey, es un monarca irresponsable y caprichoso. Se pasa el día “de fiesta”; durmiendo o borracho. ¡No dicta una sola ley coherente! Y claro, así no se puede gobernar. Acá cada cual hace lo que quiere, y esto está empezando a parecerse más a un eterno jolgorio que a un reino.
...-¡Pero no desesperéis! –siguió diciendo el Sabio a los príncipes, que en lugar de escuchar, danzaban a su alrededor comiendo triples de jamón y queso y tomando naranjada -. Yo, conozco la Única Solución. ¡Yo, el Gran Sabio Yotex Plico, os revelaré el secreto que convertirá a este pueblo en un sitio ordenado y decente! –.El Sabio continuó en tono solemne: -La cura a todos nuestros males es una sola, y permanece oculta en un pozo, en la cueva más oscura de
-Sí, Yo, El Super Inteligentísimo Yotex Plico, jamás, pero JAMÁS me equivoco:
¡DEBÉIS IR EN BUSCA DE “
Los príncipes dejaron de danzar.
-¡¿
-SSSí. “
-¡¡¿
-“
-PERO ¡¿LA – CACA?!
-¡¡¡SÍ!!! ¡¡¡LA – CACA!!! ¡¡¡
-¿Y por qué habríamos de ir en busca de una CACA?
-¡¡PORQUE ESTA ES
-¡¿“PERDÍZ-QUÉ”?! –preguntaron los príncipes escupiendo al unísono (ya que eran seseosos) tres lluvias de naranjada sobre Yotex Plico.
-OLVÍDENLO. –se dió por vencido el Sabio- ¡PORQUE ES DE ORO!, ¡hay que ir a buscarla porque es de oro! ¡¿ENTIENDEN?!
Así los jóvenes partieron, y cruzaron el puente del castillo aclamados por toda la gente del pueblo, que si bien no entendía demasiado los fines de su viaje, no desaprovechaba oportunidad para festejar.
En fin, ¿para qué hacerla difícil si no lo fue?: los príncipes llegaron a la montaña en menos de una hora de caminata, encontrarla fue pan comido porque por todos lados había carteles indicadores en los que se leía: “A
Con sumo cuidado la levantaron y la depositaron en un pequeño cofre que el Sabio les había dado. Después, mirándola con gran curiosidad empezaron a bajar la montaña.
Todo el operativo duró menos de dos horas. El regreso triunfal de los tres príncipes tomó al pueblo desprevenido. Algunos recién llegaban a sus casas cuando, conmovidos y moqueando aún por la emotiva partida de los príncipes, tuvieron que salir corriendo de nuevo rumbo al castillo. Otros, todavía bajo el efecto de los brindis de despedida salieron todo lo rápido que el zig-zag de sus pasos les permitía a volver a brindar por la bienvenida.
La verdad es que a nadie le interesaba tanto el hallazgo, como el banquete que seguramente daría el rey cuando se enterara de que los príncipes habían vuelto.
El festejo duró tres días y tres noches. Y hubiera seguido ininterrumpidamente de no haber sido por el Sabio que ya se ponía pesado.
-¡TRAIGAN EL COFRE!, ¡TRAIGAN EL COFRE! –gritaba como loco, levantando la mesa por un extremo y golpeándola contra el piso.
Finalmente trajeron el cofre. El Sabio pidió silencio a la muchedumbre a su alrededor. Tomó con cuidado la tapa y la levantó lentamente...
-¡OHHH! –gritaron todos cuando vieron el resplandor.
-¡Shhhh! –ordenó el Sabio.
Se escucharon unas últimas murmuraciones sorprendidas, y de ahí en más solamente se oyó algún que otro hipo perdido.
Entonces el Sabio dijo:
-¡Que suenen las trompetas y redoblen los tambores!: ¡Ha llegado el momento tan esperado!, ¡
...Hubo algunos minutos de silencio y de tenso nerviosismo... De repente,
-PRRRRRRrrrff...
-“¿¿¿PRRRRRRrrrff...???”; claro, en el pueblo cundieron el desconcierto, los codazos y varias risas desdentadas.
Pero no duraron mucho. En seguida El Sabio se encargó de disipar toda confusión autoproclamándose ahí mismo “EX-CLU-SI-VO Traductor Oficial de Su Eminencia Cacal”. Como no podía ser de otra manera. Porque, como él bien observó: “¡quién mejor que Yo para asumir esta ardua, ur-gen-te y trascendentísima misión de hacer llegar a semejante fárrago de brutos la verdad de la... milanesa!”
Desde entonces, bajo la experta tutela de Yotex Plico, único imbuido de
Así fue que se promulgaron muchos, pero muchísimos decretos y reglamentaciones que aportaron incontables beneficios a la humanidad toda.
Entre otras tantas cosas se dispuso, por ejemplo, que los príncipes emprenderían sendos cursos de bricolage y viajes por países remotííísimos, y que la plebe cambiaría las fiestas por sentadores atuendos grises y modernos morrales rígidos al tono. Aunque a algunos, los más jóvenes, se les permitirían ciertas licencias (¡la juventud es la juventud!): se les repartirían triciclos, simpáticas gorras a lunares engalanadas con hélices, banderolas y cucardas, y se los incitaría a participar con espíritu entusiasta del delivery de hamburguesas aromatizadas con Glade Floral para
Nació entonces, una nueva era. Gloriosa, prometedora, al calor de los augurios visionarios emanantes de aquel cofre que alguna vez rescataran del ignominioso escondite al que había sido abyectamente relegado.








